La
cuidad blanca de Arequipa, nos sirve de base para explorar sus alrededores, de
hecho, pasamos aquí casi diez días.
La
linda Plaza de Armas, su enorme Catedral, muchas otras iglesias, conventos y
mansiones coloniales, que están diseminadas por toda la cuidad, está construidas con
sillar blanco, una roca volcánica de color claro que dota de belleza y resplandor a la villa. Es un sitio
tranquilo y acogedor, posee una rica actividad cultural, hemos podido disfrutar
de un festival de cine, cuenta-cuentos y una feria del libro en edificios emblemáticos
de la ciudad. Debido al tiempo que hemos permanecido en este lugar, hemos degustado apetitosos desayunos en el acogedor hotel Sumay Wasi,
suculentas comidas y deleitarnos en elevadas terrazas con vistas privilegiadas
de la urbe.


Cuenta
con varios miradores que ofrecen vistas tanto de la ciudad como de los
perfectos conos nevados (Misti y Chachani de unos 6.000 metros), que cercan
Arequipa. Otro día, nos desplazamos hasta un pueblito cercano, Characoto, para
disfrutar de su campiña y sus manantiales, siguiendo un sendero pegado a un
arroyo llegamos hasta los nacimientos subterráneos de los “Ojos del Milagro”,
cuya agua es aprovechada para regar sus campos y abastecer unas simpáticas
piscinas naturales.
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| Plaza de Armas, Arequipa. Volcán Misti y Nevado Chachani. |
Aquí
también tenemos nuestro primer contacto con algo relativo al tenis, pudimos
visitar un estupendo y gran complejo deportivo, el cual cuenta con 14 pista de
tierra batida en un estado optimo, donde mantuvimos trato directo con el
presidente del mismo, y establecimos relaciones para un posible futuro laboral.
Los
cañones más profundos del mundo se hayan cerca de Arequipa, están en una zona desértica,
lejana, solitaria y polvorienta. Sus accesos son muy deficientes, tienen unos paupérrimos servicios y nulas
indicaciones, pero a la vez, posee inmensos y grandiosos paisajes de una
belleza sublime, con caudalosas cascadas, bosques de piedra, nevados, volcanes,
selva de cactus, el majestuoso cóndor y gentes y pueblos muy sencillos. Los caminos además de
polvorientos dan vértigo, ascienden por sitios imposibles con caídas infinitas
hacia los cortados. Para desplazarnos por esta zona tuvimos que meternos
abusivos madrugones y eternas horas de buses nocturnos por bacheadas trochas (pistas).
Después
de tres horas de bus, llegamos a Chivay, que es la puerta de entrada al afamado
Cañón del Colca, decidimos no hacer la ruta convencional de los turistas, sino
que optamos por parar en el pueblo anterior y andar 10 km por dentro del
Cañón.
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| Plaza de Armas, Chivay. |
Antes de llegar a los miradores, pasamos por alguna pequeña laguna llena
de patos, y la imagen que tenemos durante toda la caminata son paredones que se
precipitan vertiginosamente hacia el río. El final de la ruta transcurre por
varios miradores desde donde se puede contemplar la profundidad de esta enorme hendidura.
A la vuelta, nos quedamos avistando el paisaje en el mirador del Cura, alejados
de los turistas, y pudimos deleitarnos durante unos minutos del impresionante
vuelo circular del cóndor andino en la
lejanía.
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| ¿Dónde está Pedro? |
A
la vuelta, paramos en el pequeño pueblo de Yanque, donde visitamos su Plaza con
arcadas de época colonial, caminamos hasta el río por sus fértiles campos
aterrazados, y pudimos observar un volcán activo.
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| Plaza de Armas, Yanque. |
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| Volcán humeando |
El
desconocido e inhóspito Cañón del Cotahuasi, fue nuestro siguiente destino,
donde pasamos varios días saboreando su belleza. Es el más profundo del mundo
con 3.535 metros y como cuentan por aquí, también es el más bello. Está formado
por innumerables zanjas que van a parar
al grandioso y espectacular Cañón principal.
Aquí los caminos son todavía más polvorosos y tortuosos, pero el rio va mucho
más encajonado y con más cauce y destaca más su grandeza. Es excitante pasear
por estos terrenos apartados, alejados y casi inexplorados.
El
primer día y casi sin dormir, tras una dura noche en uno de los buses
mencionados, quisimos ir a ver la estrepitosa Cascada de Sipia, la velocidad y
el ruido del río te van indicando el camino para llegar a ella. Aquí el cauce
del agua se estrecha muchísimo formando espectaculares acantilados, después se
abre paso entre laderas arcillosas multicolores. Al situarte sobre la cascada,
se puede ver nítidamente el arcoíris que se forma en este salto de agua.
Por
la tarde, nos acercamos a la Laguna de Cachicocha, en las afueras de Cotahuasi,
en la cual se ven patos y garzas, pero tuvimos suerte y en las montañas del
fondo vimos dos ejemplares de cóndor andino, sobrevolando en las alturas.
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| Laguna Cachicocha |
La
siguiente ruta fue a Pampamarca, una población situada al final del Cañón
Mungui, afluente del Cotahuasi. Después de ascender el precioso cañón y justo
antes de llegar al pueblo, cogimos el zigzagueante camino hacia el Bosque de
Piedra de Huito, unas blancas formaciones rocosas, que a causa de la erosión han
conseguido extravagantes formas. Además
desde esta cresta se puede observar un extenso panorama de toda la zona, con sus
cañones y nevados, ya que estamos a 4.000 mts de altitud.
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| Camino en zig-zag, Bosque de Piedras de Huito. |
A continuación bajamos al pueblo y seguimos descendiendo
hasta el mirador de la Cascada de Oskune. El sendero para llegar aquí no hace
presagiar la maravilla con la que vas a encontrarte, vas caminando entre un
monte y unas terrazas incas, y al llegar al final del camino aparece ante tus
ojos todo un inmenso cañón, destacando la espectacular cascada de Oskune y la
hoz que forma tras su desplome.
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| Andenes Incas. |
Para
cerrar este maravilloso circuito, fuimos
a la zona más profunda del Cotahuasi (3.535m), el bus te deja en la minúscula localidad de Velinga; ahí hay que descender hasta la orilla del río, y a partir
de aquí continuar por el margen del río hasta alcanzar la lejana y casi deshabitada
aldea de Quechualla. La ruta es impresionante, no sólo por andar por dentro de
este colosal cañón, sino también porque hay que atravesar rudimentarios y
espectaculares puentes, ruinas incas, restos de pueblos abandonados y varios
bosques de gigantescos cactus, que alcanzan hasta los 15 metros de altura.











Este
día no fue tan placentero, ya que nos perdimos dos veces y tuvimos que ascender
y descender por dificultosos sitios en más de una ocasión, para poder retomar el camino y no retroceder, aun
así, las vistas que obtuvimos en nuestros extravíos sirvieron de recompensa. Esta situación nos hizo perder mucho tiempo y
esto nos supuso un problema importante de deshidratación debido al calor que
padecimos, pero todo se solucionó al llegar a Quechualla.
La vida continúa, el Machu Pichu nos espera.
Hoy hago una mención especial a mi abuelo y siempre recordaré los veranos que pasé junto a él en el pueblo y sus historias vivas de la guerra.
Un fuerte abrazo.